BIOGRAFÍA DE LA REINA DEL PORNO: DESNUDA DECADENCIA DEL XXX CHILENSIS... aun que en OrgasmikChile tenemos todas las películas pornos chilenas. ¿Cómo hacer el amor igual que una estrella del porno?
Peliculas Pornos Chilenas
Acaba de llegar a las librerías locales la biografía de Jenna Jameson, una rubia de costumbres elásticas que pasea en limusina y usa esmalte de uñas de mil dólares. Reina y heredera de un imperio que alguna vez trataron de emular los empresarios y directores locales. Aquí la historia de una promesa que terminó en coitus interruptus.
“Cómo hacer el amor igual que una estrella del porno” es un manual para ser millonario/a y jubilar a los 32 años. Cruzando antes un largo camino que va de la olla de la miseria a la hoguera de las drogas y remonta el del sexo oral por horas, coito interracial y folladuras kilométricas. La hermosa y platinada pornostar Jenna Jameson enseña a través de 517 lamidas cómo convertirse en la Julia Roberts del cine XXX y ganar cinco mil dólares por cada gemido falso hasta la cima del éxito: una mansión enorme en California donde fluye esperma y miel. Cortesía de un mercado que mueve más de 60 mil millones de dólares al año.
La realidad sudaca se estrelló el 2001 con las colinas de la soleada California. Leonardo Barrera, novel pornógrafo chileno, dijo “¡luz, cámara y a follar!” en la primera película XXX nacional, titulada “Historia de una adolescente ninfomaníaca”. Recién salida la nueva ley que acababa con la censura cinematográfica, sería una nueva industria a la que el espectador chileno sabría responder con entusiasmo. Podríamos ver a nuestras propias Jennas Jamesones masturbando una botella de champagne y a los productores de porno encendiendo habanos con billetes. Si bien la calidad de cada película dejaba mucho que desear, realizadores como Barrera, Rocco de la Vega y Felipe Concha aseguraban que era una marcha blanca para testear la nueva ley y el mercado.
MAESTROS CHASQUILLA
La diva criolla fue Maritza Gáez Arismendi, alias “Reichell” (sic), la primera actriz del porno chileno y ex pareja de Barrera. Ella vendió al onanista nacional la fantasía de encontrarse en la fila del supermercado o en la reunión del colegio con una folladora profesional. Cercana y reconocible dueña de casa que podía jugar al gang bang con ocho sujetos a la vez para “Las fantasías de Reichell”.
Hoy, Barrera, alguna vez gestor del día nacional de la pornografía, es administrador de un restaurant en el barrio Suecia, donde los locales parecen un pueblo fantasma del que cuelgan letreros de “se arrienda”. Sueña con seguir adelante con su “porno social”, como él lo denomina. Desea salir de la típica e inverosímil historia sobre el maestro chasquilla que viene a reparar el cálefont y termina tirándose a la dueña de casa, a la hija y a la amiga que vino a estudiar.
Después de dirigir una tórrida filmografía compuesta por “Hanito, el genio del placer”, “Apelación sexual” y el tríptico “Lo sagrado, lo profano y lo obseno” (sic) evalúa lo que fuera un pequeño Tánger del porno.
“Hoy, las cifras están en negativo, no se recupera la inversión inicial porque la misma semana que terminas la película está a la venta en la vereda. Además, ha habido una baja importante en lo que respecta a las minas”, explica. Sobre la mala calidad del guión, de la precariedad de los equipos y la falta de minas, saca a colación la temática social que le imprimía a sus historias: “En ‘Hanito’ actuaba un médico fascista que sometía a su nana. Y, bueno, ‘Apelación sexual’ era una película a lo Costa Gavras sobre la corrupción del Poder Judicial”. Sin más.
Curiosamente, en las calles, después de las 22 horas, los vendedores de películas pirata cuentan que al mes no venden más de tres filmes porno chilenos. Algunos de ellos en packs de tres películas comprimidas en un solo CD. Aun así, como toda concesión, por 500 pesos pueden volver a cambiar el título nacional por otro a elección. Indefectiblemente, terminan llevándose otra película europea, como “Rocco invade Polonia” o “Taxi girls”, el clásico de los ’80 protagonizado por John Holmes y sus 35 cm de virilidad.
LOVELY JENNA
La palabra sexo es ingresada a los buscadores aproximadamente cinco millones de veces al día y el nombre de Jenna Jameson es tecleado otros ocho millones al mes, según cifras de Google y Lycos. Demanda por las rubias existe, y Chile no es excepción.
Reichell camina hoy bajo una copiosa lluvia en Frutillar, donde el temporal taladra más fuerte que la clava de Lexington Steele, alias el Black Bastard, el engendro erótico armado con un garrote que sólo habitaría en la imaginación de García Márquez. Por estos días, la actriz recupera su familia y tiempo perdido tras jadear y sudar la gota gorda frente a las cámaras de Barrera y luego de postular –sin éxito– a candidata a diputada por el Partido Radical Social Demócrata el año pasado. “Faltan años luz antes de llegar a ser un mercado apto para el desarrollo del porno local”, ha dicho. Y si bien las cintas de calidad amateur han contado con ganas y buena publicidad en su momento, es poco lo que las chicas con estrías, granos y sacadas de un aviso de “El Rastro” pueden hacer frente a las divas gringas rellenas de plástico.
Rodrigo Ramírez, del sitio miralo.cl, innovó llevando pornografía al usuario de Internet, que por 290 pesos puede acceder a escenas de las mejores películas porno del mundo. Con nueve mil usuarios registrados y más de cinco mil visitas diarias. El cine hardcore chileno no es una opción para él. “No vale la pena”, asegura. “Muchos preguntan por películas chilenas, pero no he encontrado nada nuevo ni bueno. No existe una cultura para producir acá y todo se ve como un negocio donde ganar unas lucas, pero sin proyección alguna”, dice.
Se refiere a esa cosa ratona del chileno que regatea hasta los casi 300 pesos que cuesta recibir en el celular la clave para ver los videos premium de su sitio. “Esto se traduce también en la gente que dirige estas películas, pero te aseguro que si le pones plata por delante a chicas bonitas, logras sacar adelante una buena película de nivel. Pero invirtiendo plata”, recalca. En promedio, a una chica amateur no se le pagan más de 200 mil pesos por evento fílmico. Pero, sin ir más lejos, existe otro tipo de llamados en la prensa y castings donde a las chicas se les pagan sobre 500 mil pesos por actuar frente a una cámara en calidad de amateur, un género bien cotizado en Holanda y Suiza. Se supone que las chicas aceptan porque ese tipo de distribución es estrictamente internacional y acá nadie se enterará del “pituto” de universitarias y damas de compañía.
Pero el conocedor del porno no se cansa de ver la misma historia. Siempre habrá una nueva oferta. El productor también sabe que esa demanda existe y por eso el mercado norteamericano mueve unos 16 mil millones de dólares al año realizando producciones que se caracterizan por su delirante factura y posibilidad de combinatoria. A nivel local, las cifras hablan de un millón y medio de pesos para grabar “Porno debutante penquista” (pura cacha volumen 1) y a la vez la venta de los derechos a la empresa FullFilms en la misma cifra. Su director, Vicente Cifuentes, asegura que salió ganando porque la película es un largo spot de su sexshop “La locura” de Concepción. Aun así, sólo un par de dueños de videoclub compran el DVD a nueve mil pesos. “El resto las ve por curiosidad”, asegura, “pero no porque sean un buen producto”.
Barrera insiste quijotescamente en que la gracia de esa demanda local está en “reconocer en la película a quien tienes al lado y no a una Barbie gringa, una cosa de idiosincrasia donde no se puede poner tampoco al Mandingo con la tremenda herramienta, sino al tipo con su poncherita, las patas cortas, etc. Ese es el juego del porno chileno”
Extracto: Lanacion.cl